Paludismo o malaria

Fecha actualización: 16/10/2006
Dr. Manuel Carlos López López.
Doctor en Farmacia -Bioquímica y Biología Molecular-.
Especialista en Análisis Clínicos. Investigador Científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Parasitología y Biomedicina López Neyra. Jefe del Departamento de Biología Molecular.

La malaria es la enfermedad que presenta más complicaciones para los viajeros que se desplazan a países con alto riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas. Los tipos de infecciones más comunes son las provocadas por el parásito Plasmodium falciparum, que causa un contagio agresivo y puede derivar en malaria cerebral, o el Plasmodium vivax, que transmite una infección más débil pero recurrente. A la hora de viajar, se recomienda establecer un protocolo de actuación teniendo en cuenta las especies de malaria existentes en la zona y las resistencias a los fármacos e insecticidas.

El paludismo o malaria es una enfermedad infecciosa causada por el protozoo parásito Plasmodium y es transmitida por la picadura de un insecto del género Anopheles. Actualmente, las principales zonas de riesgo para contraer la malaria se encuentran en la mayoría de los países de América Central y del Sur, el sur de Asia y de África, siendo su incidencia especialmente alta en las regiones subsaharianas. La mitad de la población mundial vive con alto riego de padecer la enfermedad y se cifra en más de un millón el número de muertes anuales por paludismo, especialmente de niños.

Cómo se transmite

Para la transmisión del paludismo se requieren tres factores: la presencia del agente infeccioso, parásito del genero Plasmodium, la de mosquitos infectados por el parásito y la presencia del ser humano. La hembra del mosquito del género Anopheles se alimenta de sangre humana y al picar a una persona infectada ingiere los parásitos (gametocitos) los cuales se reproducen de forma sexual en el tubo digestivo del insecto y permanecen en las glándulas salivares en forma de esporozoitos. Cuando pican de nuevo, a una persona sana, transmiten el parásito (esporozoítos) con la saliva.

Una vez en el torrente sanguíneo del humano, los parásitos invaden las células hepáticas y se multiplican asexualmente. Al salir por rotura celular (merozoitos) infectan los hematíes multiplicándose nuevamente de forma asexual y se liberan, bien como merozoitos que pueden invadir a otros hematíes, o como formas sexuadas (gametocitos) que pasarán al insecto cuando se alimente de la sangre de la persona infectada. También es posible, aunque rara, la transmisión de persona a persona a través de transfusión sanguínea o mediante transmisión congénita de madre a hijo.

Cuatro diferentes especies de Plasmodium son capaces de infectar al ser humano y ocasionarle enfermedad. Las más comunes son P. falciparum y P. vivax. La primera de ellas es causante de las infecciones más agresivas, que pueden dar lugar a episodios muy graves de la enfermedad, como la malaria cerebral. La infección por P. vivax se caracteriza por dar lugar a una enfermedad de tipo debilitante y frecuentemente recurrente debido a que presenta formas latentes en las que el parásito persiste, durante meses o años, en el interior de las células del hígado de la persona infectada.

Tras la infección por la picadura del mosquito hay un periodo de incubación, que oscila entre los 7 y 30 días, en el que no aparecen síntomas. Las formas sanguíneas del parásito son las responsables de las manifestaciones clínicas de la enfermedad, causando síntomas como escalofríos, fatiga, dolor de articulaciones, dolor de cabeza, nauseas y vómitos. Además, se caracteriza por la existencia de fiebre alta (40º-41ºC), que suele durar entre 3 y 6 horas y que está motivada por la destrucción de los hematíes. Al cabo de 2 ó 3 días estos síntomas remiten en gran medida, vuelven a presentarse de forma cíclica.

El diagnóstico clínico se basa en la sintomatología del paciente. Dada su frecuente falta de especificidad, asemejándose al de otras enfermedades como la gripe común, el diagnóstico debe de ser confirmado por una prueba de laboratorio. Si la infección es diagnosticada y tratada convenientemente en los primeros estadios, el parásito es eliminado y los síntomas desaparecen rápidamente. En caso contrario, la infección deriva con frecuencia en una malaria severa con daños en órganos vitales u obstrucción de vasos sanguíneos cerebrales que pueden causar la muerte.

En pacientes de zonas no endémicas cualquier sospecha de realización de un viaje a países endémicos de malaria o de residencia en los mismos debe derivar en un rápido diagnóstico y, en su caso, en tratamiento. Los niños, mujeres embarazadas y personas inmunocomprometidas necesitan una especial atención por presentar mayor riesgo de padecer malaria grave.

Tratamientos

La mayoría de los fármacos que se utilizan para combatir la enfermedad son muy eficaces frente a las formas sanguíneas del parásito e, incluso, frente a las latentes. El tratamiento debe administrarse siempre por prescripción médica. Al elegir el fármaco, es muy importante tener en cuenta la zona donde el paciente se ha infectado dado que, con frecuencia, los parásitos de ciertas zonas desarrollan resistencias frente a específicos antimaláricos.

El hecho de que en zonas endémicas de alta transmisión las personas infectadas por Plasmodium desarrollen comúnmente inmunidad frente a la malaria evidencia que es posible desarrollar vacunas frente a la misma.

Sin embargo, hasta el momento solo dos moléculas, en 1994 la SPf66 y más recientemente en 2004 la molécula RTS,S/AS02A, han mostrado ser parcialmente efectivas frente a la malaria en zonas de alta transmisión, mostrando en ambos casos inducir un grado de protección de aproximadamente el 30%.

La prevención

Al viajar a zonas altamente endémicas de malaria deben de tomarse una serie de precauciones. Se puede prevenir la infección evitando la picadura del insecto infectado, utilizando ropa que cubra la mayor parte de cuerpo, así como el uso de repelentes, especialmente entre las 18 y 22 horas, período en el que el mosquito Anopheles es más activo. Es aconsejable la utilización de mosquiteros impregnados de insecticidas, especialmente cuando se duerme a la intemperie.

Además, se puede prevenir la enfermedad con fármacos antimaláricos. Sin embargo, es necesario saber que ningún tratamiento preventivo es totalmente efectivo y, por tanto, aunque poco probable, es posible contraer la enfermedad. En este caso, hay que tener en cuenta que algunos fármacos antimaláricos pueden retrasar la aparición de los síntomas de malaria durante semanas o incluso meses. Además, algunos tratamientos preventivos pueden originar algún efecto secundario como náuseas, vómitos o fuertes dolores de cabeza con pérdida del equilibrio. De presentarse, se debe interrumpir el tratamiento y solicitar ayuda médica.

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