Accidentes infantiles en verano

Fecha actualización: 10/01/2005

Dr. Valentín Alzina
Especialista en Pediatría
Consultor. Departamento de Pediatría
CLINICA UNIVERSITARIA DE NAVARRA

Consejos básicos

Durante el período estival se incrementa el riesgo de accidentes en los niños con un mayor número de caídas, (son la causa más frecuente, aunque posiblemente las que representen menos gravedad) ahogamientos, intoxicaciones o quemaduras. Los accidentes constituyen la primera causa de morbimortalidad en la edad pediátrica, por eso es recomendable vigilar y estar atento a las actividades del niño, no inducir conductas temerarias pero tampoco miedo, porque también es importante que aprenda a conocer dónde está el peligro sin sobreprotegerle.

Durante el verano son muy frecuentes los viajes y desplazamientos en coche. Hay que utilizar los asientos de seguridad en los lactantes y niños pequeños. Los niños mayores se sentarán en los asientos traseros con el cinturón de seguridad colocado.

Para prevenir las intoxicaciones, es necesario un máximo cuidado en la manipulación de los alimentos. Es muy importante lavarse bien las manos, sobre todo cuando se preparan y consumen alimentos crudos. Evitar la ingesta de mayonesa casera y de agua de origen no controlado.

En cuanto a las insolaciones, hay que evitar la exposición directa excesiva al sol y, en el caso de lactantes o niños pequeños, conviene huir de lugares pequeños y cerrados que puedan llegar a alcanzar temperaturas muy elevadas durante el verano; por ejemplo, no deben dejarles en lugares cerrados sin ventilación por ejemplo en un coche o en las tiendas de campaña cuando les esté dando el sol ya que pueden sufrir un ?golpe de calor? que se produce cuando el organismo se vuelve incapaz de regular su propia temperatura. Puede ser un proceso muy grave. El niño presenta una temperatura alta (por encima de 39º C). La piel está enrojecida, caliente y seca (sin sudoración), dolor de cabeza, dolores musculares, vómitos y náuseas. En situaciones graves el niño está confuso o incluso con pérdida del conocimiento. En estos casos se debe actuar de inmediato y antes de trasladarlo a un centro hospitalario hay que colocarle en un lugar fresco y sombreado. Enfriar el cuerpo con cualquier método disponible, envolverlo con toallas húmedas, sumergirlo en agua, colocarle esponjas o bolsas con agua fría, etc.

Cuando se produce deshidratación por excesiva sudoración y/o pobre ingesta de líquidos la piel está fría y húmeda, también puede tener fiebre, mareos y trastornos de conciencia. En este caso además de trasladarlo a un ambiente fresco administraremos (si el niño está perfectamente consciente) bebidas isotónicas (soluciones de rehidratación oral).

Las quemaduras solares, especialmente perjudiciales en las pieles sensibles de los niños, se pueden evitar mediante cremas con un alto grado de protección por encima de 30 (factor de protección solar), que debe aplicarse antes de la exposición solar, cada dos horas, después del baño o de una intensa sudoración. Recordar que las quemaduras se pueden producir incluso a la sombra y que el agua y la arena reflejan los rayos solares potenciando su efecto sobre la piel. Aunque la piel esté bronceada hay que seguir protegiéndola. Hay que extremar las precauciones entre el mediodía y las cuatro de la tarde. Si a pesar de estos cuidados se produce una quemadura es aconsejable limpiar y secar bien la zona afectada para después aplicar una fina capa de solución antibacteriana (Ejemplo: povidona yodada o preparados similares. Cremas de sulfadiazina argéntica o nitrofurazona con polietilenglicol son útiles). Evitar otro tipo de tratamientos tópicos. Las ampollas deben dejarse intactas, sólo desbridar las abiertas. Cuando la intensidad del dolor se mantiene, también se puede administrar un analgésico por vía general.

Las picaduras se convierten en otro de los grandes problemas que sufren los niños durante el verano. La mejor forma de prevenir estas picaduras es aplicando lociones repelentes de insectos. El más eficaz es el DEET (N, N-dietil- m toluamida actualmente N, N-dietil-3-metilbenzamida) en concentraciones que para niños no deben exceder del 10%. No conviene su aplicación en la cara, las manos y en las zonas no expuestas. Por la noche son útiles los difusores de insecticidas eléctricos que contengan permetrina o quemar espirales ahuyentadores de mosquitos. Evitar ropas brillantes, así como perfumes y agua de colonia penetrantes. Ante una picadura aislada se aconseja tranquilizar al niño, ponerle inmediatamente compresas frías o hielo y administrarle un analgésico suave o antihistamínico. Si se trata de picaduras masivas o en niños alérgicos con reacciones previas importantes en los que suelen aparecer trastornos locales graves, es preciso evacuar al niño lo antes posible al centro hospitalario más cercano. Si la lesión la produce una medusa o cualquier animal marino; una vez que se ha extraído la espina o el aguijón, se debe aplicar compresas de amoníaco mezclado con agua y pomadas específicas para rebajar la inflamación, (antihistamínicos, corticoides). Evite que el niño se frote la herida ya que, además de poder infectarse, le causará más dolor. Si la lesión se produce por cortes con cristales, latas, etc., es fundamental limpiar la herida con un producto antiséptico, y si no se tiene, basta con aplicar agua y jabón. Una vez limpia, es preciso secarla y protegerla con un vendaje, tirita, etc.

Fomentar hábitos para un sano descanso

El período de las vacaciones estivales es adecuado para proponer al niño actividades que favorezcan el desarrollo. Se puede aprovechar para inculcar hábitos de deporte al aire libre que dejen a un lado actitudes sedentarias consecuencia del tiempo de estudio, de la televisión o el vídeo juego. Los deportes acuáticos como la natación son una buena alternativa. Hay que tener en cuenta que el ahogamiento representa en la edad pediátrica la segunda causa de muerte por accidente después de los accidentes de circulación. Es fundamental una vigilancia continúa, sobre todo de los más pequeños. Algunos trabajos señalan que la mayor incidencia es en los seis meses siguientes de haber aprendido a nadar. Si bien se recomienda esperar cierto tiempo después de comer para bañarse, especialmente si el agua está muy fría, el corte de digestión es en realidad un síncope de hidrocución y es la pérdida de conocimiento como consecuencia del repentino contacto con el agua fría. Por lo tanto, lo más importante es evitar este cambio brusco de temperatura después de una exposición prolongada al sol, o de una intensa actividad física. Hay que introducirse en el agua poco a poco y que el organismo se adecue progresivamente a la bajada de temperatura. Se recomienda salir del agua si aparecen nauseas, zumbidos de oído, mareos o escalofríos. Los niños menores de un año se enfrían muy rápidamente, por lo que cuando se trata de baños en piscinas, en la playa o en el río, no deben prolongarse más de diez minutos y si la temperatura ambiente no es alta, se les debe secar lo antes posible. Otro de los peligros del baño, sobre todo en niños de más de 6 años y en adolescentes, es el hecho de arrojarse al agua bruscamente. No pocas veces, por juegos o por desconocer la zona, se tiran de cabeza donde existe poca profundidad, si se trata de piscinas, o rocas si se trata de ríos. El riesgo de padecer traumatismos es grande, incluso se suelen dar casos de lesiones medulares con las secuelas que conllevan: paraplejias, tetraplejias, etc.. Hay que acostumbrarles a utilizar el casco protector cuando van en bicicleta o monopatín.

Con respecto a la dieta, es conveniente beber abundantes líquidos, preferentemente agua y zumos naturales. En los lactantes, por ejemplo, se aconseja ofrecerles agua entre tomas. Además, el verano es un buen momento para insistir en la dieta mediterranea, interesa aumentar el consumo de frutas, así como el de verduras y ensaladas en el primer plato ya que aligeran la comida y proporcionan gran cantidad de vitaminas. Para la merienda, los helados son una buena opción siempre que los niños no sufran exceso de peso.

Por último, los niños también necesitan descansar de la enorme actividad física que desarrollan durante el verano, por lo que se debe procurar mantener los horarios para que duerman de ocho a diez horas diarias.

Documento avalado por:
Clínica Universitaria. Universidad de Navarra

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