Introducción

El tabaco puede provocar numerosos daños al organismo, como infartos, tumores en distintas partes del cuerpo, complicaciones durante el embarazo, problemas respiratorios o disfunción sexual. La adicción al tabaco se puede tratar médicamente y, en muchos casos, con muy buenos resultados.

Estudios sobre el tabaco

En España, el tabaco es la principal causa de enfermedad y muerte evitable y unas 56.000 personas mueren cada año por causa directa. De hecho, España es el país de la Unión Europea (UE) donde más se fuma, con un 34,4% de fumadores habituales entre la población de más de 16 años. Además, España también ocupa el primer lugar de la UE en cuanto a número de mujeres fumadoras de entre 15 y 25 años (40%). En los últimos veinte años se ha multiplicado por tres el porcentaje de mujeres fumadoras, y el tabaquismo entre ellas va a más.

En el mundo desarrollado, las mujeres que fuman tienen casi el doble de posibilidades de desarrollar cáncer de pulmón que los hombres con el mismo hábito tabáquico. Ésta es la principal conclusión de un estudio publicado recientemente por la prestigiosa revista JAMA (“The Journal of the American Medical Association”) elaborado a partir del análisis de 16.925 pacientes estadounidenses, dentro del programa I-ELCAP (International Early Lung Cancer Action Program). Este estudio es una parte del programa I-ELCAP de detección precoz de cáncer de pulmón, que realiza el seguimiento de unos 30.000 pacientes de 40 centros de todo el mundo, entre ellos, la Clínica Universitaria de Navarra, que aporta el quinto grupo más numeroso con 1.500 pacientes, y que es el único centro español presente en la investigación.

El programa I-ELCAP busca “demostrar que la detección precoz del cáncer de pulmón mediante TAC torácico de baja dosis de radiación consigue reducir las muertes por cáncer de pulmón”, afirma el doctor Javier Zulueta, director del departamento de Neumología de la Clínica Universitaria de Navarra y responsable del grupo español

Los efectos patológicos del tabaco

Nicotina

La nicotina pasa a la sangre por dos vías, según la acidez del humo. Con la pipa o los cigarros puros más alcalinos, se absorbe casi toda por la mucosa de la boca. Con los cigarrillos, más ácidos, se absorbe en los pulmones. Una vez en la sangre, la nicotina circula en un 70% ionizada, por lo que atraviesa las membranas y alcanza todos los territorios, incluso el cerebro. Su concentración máxima en la sangre (50ng/ml) se alcanza a los 10 minutos de fumar un cigarrillo y desciende a la mitad en 30 minutos (al cerebro llega en menos de 10 segundos tras la primera “calada”). Su producto de degradación, la cotinina, se elimina por la orina.

Las acciones de la nicotina son ubicuas. Su efecto estimulante general es la causa entre otros efectos, de la aceleración cardiaca, de la irritabilidad y el nerviosismo…Sólo relaja al que está excitado por la abstinencia previa, y únicamente durante un breve periodo de tiempo. Además, la nicotina posee un efecto mixto, puede ser estimulante o tranquilizante, y curiosamente cuando no debe: los fumadores presentan somnolencia de día e insomnio por la noche. La nicotina también es la causa de la dependencia.

Monóxido de carbono

Se produce en la punta del cigarrillo por la descomposición térmica y la combustión del tabaco. Curiosamente, su concentración es mayor en los cigarrillos con filtro. Penetra en los pulmones al inhalar el humo, atraviesa la membrana de los alvéolos pulmonares, pasa a la sangre y allí se une a la hemoglobina desplazando al oxígeno, que es lo que realmente debe transportar esta proteína a todo el organismo.

El compuesto resultante, la carboxihemoglobina, pierde su capacidad transportadora de oxígeno. Lógicamente cuanto mayor sea el porcentaje de hemoglobina ocupada por el monóxido de carbono (un fumador medio puede tener hasta un 15%), menos quedará para transportar el oxígeno. Este efecto, evidentemente, está en relación directa con la intensidad del consumo.

El efecto patológico principal del monóxido de carbono, por lo tanto, es la disminución de la oxigenación tisular (que se denomina hipoxia). Esta situación “desgasta” las arteria y los diversos órganos, que se encuentran en una situación crónica de “falta de gasolina”. Ello provoca cansancio, fatiga fácil, aturdimiento, disminución de la agilidad y de la concentración mental y otros efectos similares fácilmente deducibles.

Alquitranes

Se forman durante la combustión del tabaco (más en el “rubio”) y se inhalan con el humo. El principal efecto patogénico de los alquitranes y compuestos relacionados es la carcinogénesis (inducción de tumores)

Los programas de deshabituación tabáquica

La Clínica Universitaria de Navarra dispone de programas de deshabituación tabáquica. El proceso de dicho programa en la Clínica es:

  1. Test para conocer el nivel de dependencia del tabaco, y realización de ciertas pruebas como la espirometría o la radiografía del torax, si fuera necesario, para detectar si existe alguna enfermedad respiratoria.
  2. Realización de diversas pruebas para evaluar el daño que le ha producido el tabaco y establecimiento del diagnóstico.
  3. Tratamiento: sesiones clínicas y/o tratamiento farmacológico.
  4. Seguimiento del tratamiento. En esta fase es especialmente importante la motivación. Las consultas de seguimiento se realizan tanto por teléfono como en la Clínica de forma periódica durante el primer año.

“Casi el 40% de los fumadores ha abandonado el hábito tabáquico tras un año de seguimiento”, asegura la Dra. Arantza Campo, especialista del servicio de Neumología de la Clínica. “Son datos recogidos en un estudio que realizamos recientemente en 400 exfumadores. Estos resultados confirman que el apoyo y el refuerzo de la motivación del exfumador que caracteriza a este programa garantiza el éxito del abandono tabáquico. De hecho si no se hubiera llevado a cabo este seguimiento las cifras no superarían el 10%”.

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Clínica Universitaria. Universidad de Navarra
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