Dr. Juan Javier Zudaire Bergera Especialista en Urología Consultor. Departamento de Urología CLINICA UNIVERSITARIA DE NAVARRA
La infección urinaria es la enfermedad más frecuente del aparato urinario y de todo el organismo después de las respiratorias. En el mundo se estima en 150 millones el número de infecciones urinarias por año. En España incluye el 10 por ciento de las consultas del médico general y el 40 por ciento del urólogo. En el ámbito hospitalario es la infección más usual.
La infección urinaria se define como la presencia de gérmenes en la orina. Habitualmente son bacterias (bacteriana) y excepcionalmente, hongos (micótica) o virus (vírica).
Se pone en evidencia mediante el cultivo de la orina en medios de crecimiento apropiados. Si hay bacterias, crecerán formando colonias que pueden ser contadas como unidades formadoras de coloniascc (coloniascentímetro cúbico). Para considerar una infección urinaria, el crecimiento de bacterias en el cultivo de orina no es condición suficiente.
Se exige que en el cultivo haya bacteriuria significativa, un concepto que incluye todas las siguientes condiciones:
Existe una condición especial de bacteriuria significativa, es la denominada bacteriuria asintomática, que se define como el crecimiento de más de 100.000 colcc en dos cultivos consecutivos en cualquier paciente asintomático.
Después de evidenciar una bacteriuria significativa es necesario identificar la localización anatómica de la infección, utilizando los síntomas clínicos y, si es necesario, exploraciones complementarias.
Llamamos cistitis a una infección urinaria que afecta a la vejiga y que se define por un cuadro clínico característico de dolor o escozor miccional, frecuencia miccional muy aumentada y escasa (polaquiuria), sensación permanente de deseo miccional (tenesmo) y a veces orina sanguinolenta (hematuria). El cuadro cursa siempre sin fiebre.
Si hay fiebre indica que además otro órgano está afectado. En un varón, y para dilucidar si es la próstata el órgano afectado, se introduce un dedo en el recto (tacto rectal) con el que se toca la próstata y se realiza el diagnóstico. El cuadro se denomina prostatitis aguda.
Si el órgano afectado es el riñón, el cuadro se denomina pielonefritis aguda y se caracteriza por fiebre, escalofríos, dolor lumbar, malestar..., acompañado de bacteriuria significativa. La pielonefritis aguda, bien tratada, cura en general sin secuelas, pero en determinadas ocasiones (especialmente cuando existe reflujo vésico-renal u obstrucción) la enfermedad sigue su curso y produce lesiones inflamatorias y cicatriciales que atrofian el riñón y se identifican radiológicamente. El cuadro se denomina pielonefritis crónica.
Además de la evidencia de bacteriuria significativa y de la localización, es necesario añadir otro calificativo a la infección. Hay que indicar si se trata de una:
Finalmente, se debe calificar a toda infección desde una perspectiva pronóstica como:
Es una patología fundamentalmente femenina. Sólo en los lactantes la proporción niños/niñas es mayor (1,51). En el resto de edades el predominio es femenino. En la edad pre-escolar, el 4,5 por ciento de las niñas y 0,5 por ciento de los varones padecen infección (proporción: 1/10). En la edad escolar, la relación niño/niña es de 1/30. En los adultos, casi el 50 por ciento de la población femenina padece al menos una infección. El 3-5 por ciento padece infecciones de repetición, frente al 0,1 por ciento de los varones adultos (relación: 1/50). Aunque en ancianos la desproporción disminuye (110 en el grupo de 60-70 años), se iguala en pacientes ancianos hospitalizados.
La vía de entrada habitual es la uretra y, ascendiendo, alcanzan vejiga, próstata, riñón y a veces, por el conducto deferente, el epidídimo. Esta vía, llamada ascendente, es la más común. La vía hematógena (llegada de los gérmenes al aparato urinario por la sangre) es excepcional, excepto en la tuberculosis urinaria, en la que es la norma. La vía ascendente explica la mayor frecuencia de afectación en la mujer (uretra corta y fácil colonización vaginal por gérmenes fecales); la relación de la infección con la actividad sexual (40 veces más riesgo en la mujer sexualmente activa) y el riesgo elevado de infección tras manipulación o sondaje.
Los gérmenes habituales proceden de las heces (enterobacterias). El protagonista absoluto es el Escherichia Coli, responsable del 85 por ciento de las infecciones no complicadas en mujeres sexualmente activas, del 70 por ciento de las infecciones no complicadas del adulto y del 50 por ciento de las infecciones hospitalarias. Después del E. Coli, los gérmenes más comunes son: Proteus, Klebsiella, Enterobacter, Citrobacter, Pseudomona, Serratia, Stafilococo Streptococo Faecalis y, especialmente, el Stafilococo Saprofíticus (15 por ciento de las infecciones en mujeres sexualmente activas)
Hay factores demográficos (pobreza, ambiente nosocomial -hospitalario-, embarazo), urológicos (sondas, anomalías, cálculos, obstrucción), médicos (diabetes, inmunosupresión) y de comportamiento (los anticonceptivos tipo barrera aumentan cuatro veces el índice de infección, el riesgo aumenta 40 veces en la mujer sexualmente activa) que facilitan la infección urinaria.
A pesar de ello, hay situaciones en las que la predisposición es más importante:
Es antibiótico y debe hacerse, si es posible, de forma selectiva, eligiendo el mejor de aquellos a los que el germen es sensible (debe hacerse por tanto cultivo de orina y antibiograma). La aplicación del tratamiento es diferente dependiendo de la edad, localización, tipo de infección, recurrencia etc).
Aunque las pautas no tienen carácter rígido, son individualizadas y cambian constantemente, se puede decir que en:
Las infecciones de las mujeres adultas son generalmente no complicadas, del tracto inferior y bacterianas:
El riesgo de reinfección es igual si se trata con monodosis, tratamiento corto, tratamiento convencional o profiláctico. El tratamiento profiláctico consiste en administrar un antibiótico o antiséptico a bajas dosis, en una toma diaria, durante tiempo prolongado. Tiene la ventaja que durante el periodo de tratamiento la paciente permanece libre de enfermedad. Se utiliza: cotrimoxazol (trimetropin-sulfametoxazol 80400 mg) o nitrofurantoína (50-100 mg).
Profilaxis en niños: especialmente utilizada en niños con reflujo vésico-renal tratados de forma conservadora. Se utiliza: nitrofurantoína: 1-2 mgKgdía o cotrimoxazol,0 2-3 mg10 mgKgdía.