La adolescencia es una etapa apasionante de la vida de un ser humano. Es en ella donde se llevan a cabo procesos, no sólo biológicos sino también psico-socio-culturales, que marcarán la evolución de la persona. Diversos hábitos y actitudes persistirán en la edad adulta y su caracterización puede ser útil, dado que nos puede permitir identificar oportunidades de intervención que deberían ser aprovechadas.
En la actualidad, los hábitos tóxicos de consumo de sustancias en la adolescencia suponen, en España y en otros países de nuestro entorno, un fenómeno que causa preocupación en nuestra sociedad. El alcohol y el tabaco son las sustancias psicoactivas de mayor consumo. Estos dos productos, considerados como “drogas legales”, conllevan prácticamente el 95% de la morbilidad y mortalidad asociada a hábitos tóxicos y son, además, la puerta de entrada a otras sustancias. Cannabis y cocaína son, por este orden, las drogas ilegales más ingeridas. Los hábitos tóxicos están muy interconectados unos con otros, tal y como queda ejemplificado en la Figura 1.
FIGURA 1: Proporción de consumidores de drogas que ha ingerido otras sustancias adictivas en los últimos 30 días entre los estudiantes de Enseñanza Secundaria de 14 a 18 años (porcentaje). España 2004.
El consumo de tabaco es la primera causa evitable de morbimortalidad en nuestra sociedad. El escalofriante número de muertes por tabaco que ha previsto la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el año 2020 - 10 millones de víctimas- podría quedarse corto. Según la Encuesta Global de Tabaquismo Juvenil, realizada en 130 países, esta cifra se puede ver incrementada debido, entre otras circunstancias, a las altas tasas de consumo registradas en jóvenes de todo el mundo. En España la tendencia es hacia el incremento del consumo de tabaco en adolescentes. La edad de inicio del consumo de tabaco se sitúa en torno a los 13 años y la prevalencia de fumadores adolescentes es del 29%, tendiendo a ser superior entre las chicas. Es importante determinar los agentes que influyen en el consumo de tabaco: el ambiente familiar, educativo, los amigos, los hábitos sociales, y sobre todo, las campañas publicitarias de las empresas tabaqueras. Este hábito tóxico se puede y debe prevenir y controlar mediante acciones como las propuestas en el Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo.
El alcohol y el tabaco son las sustancias psicoactivas de mayor consumo
El alcohol es un determinante de salud, responsable del 7,4% de la discapacidad y muerte prematura de la Unión Europea. Los adolescentes y jóvenes soportan una parte desproporcionada de esta carga, debiéndose al alcohol más del 10% de la mortalidad de las mujeres jóvenes y en torno al 25% de los jóvenes varones. En el informe El Alcohol en Europa: Una Perspectiva de Salud Pública, presentado en junio de 2006, se afirma que casi todos los estudiantes de 15-16 años (>90%) han bebido alcohol alguna vez. La edad media de inicio se sitúa en los 12,5 años y la primera embriaguez se produce a los 14 años. 1 de cada 8 (13%) adolescentes de 15-16 años se ha embriagado más de 20 veces en su vida.
En España no podemos evitar hablar de “el botellón”. Éste podría definirse como un fenómeno social caracterizado por la concentración de jóvenes en un espacio abierto durante las noches de los fines de semana y cuyo punto de referencia es el consumo de bebidas alcohólicas como eje central de su tiempo libre. Esto deriva en consecuencias negativas; tales como altos consumos de alcohol y drogas, accidentes de tráfico, molestias para los vecinos, etc. Sin embargo, hay que reconocer que el “botellón” es una opción de diversión minoritaria en la que participan alrededor de un 10% de jóvenes en aquellas ciudades donde se práctica.
Según un informe reciente del Ministerio de Sanidad se ha constatado un aumento en el consumo de cannabis y de cocaína, especialmente en adolescentes. El consumo parece asociarse a fines recreativos y socializantes durante los fines de semana y épocas de ocio, y es intenso pero intermitente. Los efectos negativos de estas drogas incluyen trastornos neurológicos y psiquiátricos, además de contribuir al desarrollo de arterioesclerosis prematura y aumentar el riesgo de futuros infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
Resulta esencial dotarnos de un marco de regulación eficaz en relación con la producción, comercialización y consumo de drogas legales y del máximo rigor con las ilegales. Las intervenciones educativas necesitan, además, de un contexto normativo de promoción y protección de la salud.