Las exploraciones básicas son las pruebas que deben realizarse a toda mujer embarazada como parte del plan de cuidados integral de la gestación. Estas exploraciones permiten seleccionar a las mujeres con un “embarazo de riesgo”, que precisen un plan de cuidados específicos que incluyan consultas con otros especialistas, revisiones complementarias o visitas a centros de asistencia especializada.
El objetivo de la identificación de los factores de riesgo durante el embarazo es disminuir la morbilidad y mortalidad perinatal y materna. Aunque hay una estrecha relación entre la existencia de factores de riesgo durante la gestación y el desarrollo de complicaciones, puede haber embarazadas sin factores de riesgo que padezcan problemas. Por lo tanto, en estos casos el bajo riesgo no implica una ausencia del mismo. Las exploraciones básicas durante el embarazo se pueden agrupar en:
En la primera consulta se lleva a cabo una exploración física general, mamaria y genital. Aprovecharemos esta visita para realizar una citología cérvico-vaginal si no está hecha recientemente. Al final del embarazo y ya próximo al parto, se harán exploraciones (tactos) vaginales para ver el estado del cérvix uterino (dilatación, borramiento, etc.), así como para conocer la presentación fetal (cefálica, nalgas, etc.). El peso y la toma de la tensión arterial en cada visita forman parte de la exploración elemental de la embarazada.
Hay una batería de determinaciones analíticas o pruebas de laboratorio perfectamente establecidas para la gestación, que se solicitan por trimestres. Así, en el primer trimestre del embarazo se solicitan una serie de pruebas como serían: el grupo ABO y Rh, test de coombs indirecto, hemograma, glucemia, proteinuria en orina, cultivo de orina y serología de rubéola, sífilis, hepatitis B, toxoplasma y VIH. En el segundo trimestre se realizará un hemograma, el test de glucemia, el test de O’sullivan o prueba de cribado de diabetes gestacional (entre las semanas 24 y 28) y la prueba de proteinuria. Finalmente, durante el tercer trimestre se repite el hemograma y las pruebas de glucemia y de proteinuria. En la recta final del embarazo, entre las semanas 35 y 37, se realizará un cultivo del tercio externo de vagina y de la zona ano-rectal para la detección de las portadoras de estreptococo del grupo B (agalactiae). Cuando los recursos sanitarios lo permitan, se aconseja realizar a todas las mujeres con bajo riesgo epidemiológico 19 o clínico de cromosomopatía alguno de los siguientes procedimientos de cribado: cribado utilizando marcadores bioquímicos en suero materno durante el primer trimestre (PAPP-A y ß-HCG) o del segundo trimestre (a-fetoproteína y ß-HCG). Estas pruebas se pueden realizar de forma aislada o combinada con los marcadores ecográficos de cromosomopatías observados durante la exploración ecográfica del primer trimestre (pliegue nucal, etc). Todo ello permite seleccionar un grupo de embarazos que consideramos “de riesgo” y a los que se les puede ofertar una prueba invasiva para determinar el cariotipo fetal (estaría justificada cuando el índice de riesgo obtenido en el momento del cribaje es igual o superior a 1/270 o 1/250. La elección de la prueba invasiva (biopsia corial, amniocentesis o funiculocentesis) se hará en función de la edad de la gestación y la indicación específica de la técnica.
Toda mujer embarazada ansía conocer al feto, ver a su hijo/a. Esta prueba conlleva una gran carga emocional. Las expectativas son: ¿estará sano, es niño o niña...?. Durante un embarazo de curso normal se recomienda realizar tres exploraciones ecográficas. La primera entre las semanas 11 y 12, la segunda entre las semanas 18 y 20 y la tercera entre las semanas 32 y 36. La primera exploración ecográfica, que es de nivel básico, se realiza entre las semanas 11 y 12 de gestación. Con ella se determina la edad gestacional, la presencia de latido cardíaco, el número de embriones, se mide el engrosamiento del pliegue nucal, se identifica la patología del útero (miomas) y de los ovarios (quistes).
Es recomendable realizar esta ecografía entre las 18ª y 20ª semanas de gestación y es conocida como la ecografía de la semana 20, de diagnóstico prenatal o de diagnóstico de malformaciones. Se trata de una exploración, que por sus características, se realiza por personal especialmente cualificado. El objetivo de esta ecografía es evaluar la anatomía, vitalidad fetal y las medidas biométricas (diámetro biparietal, longitud femoral, etc.). También se ve la localización y las características de la placenta, del cordón umbilical y del volumen del líquido amniótico, del diagnóstico de anomalías estructurales y marcadores de cromosomopatías. Es decir, es la ecografía en la que mayor número de defectos congénitos se detectan. Muchas veces es una prueba “en tensión” en la que la mirada de la madre está fija en nuestro rostro, atenta a cualquier expresión. La tensión se disipa cuando mostramos la imagen del feto y lo ven, oyen sus latidos cardíacos y escuchan que está todo bien, mientras preguntan: ¿es niño o niña?.
Es recomendable realizar esta ecografía entre las semanas 32 y 36 de la gestación. Es de nivel básico y los objetivos que se persiguen son identificar el latido cardíaco, estimar el crecimiento (normal, crecimiento restringido o macrosomía) y la estática fetal (cefálica o no), diagnósticar anomalías en la situación de la placenta y del volumen del líquido amniótico.También pueden descubrirse anomalías fetales no detectadas previamente o de manifestación tardía. Incluso en esta ecografía, y tras todas las visitas y ecografías, la última pregunta es confirmar si el bebé será niño o niña.