Es indispensable que los miembros de una asociación, sea cual sea su naturaleza, aprendan poco a poco a pensar en grupo.
El aprendizaje se inicia poniendo sobre la mesa lo que ya sabemos, nuestras opiniones y nuestra experiencia, para buscar posteriormente formas de adquirir ideas y nuevos conocimientos. Re-conocer lo que ya sabemos nos permite saber qué es lo que no sabemos y avanzar por ese territorio.
La primera reunión, aparte de servir para que los miembros realicen una adecuada presentación de sí mismos y de sus intereses, también ha de ser un intercambio de conocimientos de modo que sopesemos cuál es nuestro punto de partida.
Es importante que en toda reunión exista uno o dos moderadores o guías para determinar el contenido y el ritmo de cada encuentro y seguir esta sencilla metodología de aprendizaje. La actitud del moderador no es, desde luego, la de demostrar que es el que más sabe, sino la de arbitrar el juego formativo y estimular a los miembros de la asociación para que se sientan unidos y puedan alcanzar así los objetivos marcados.
Es importante mantener una actitud adecuada cuando en algún punto del periodo formativo o de la actividad de la asociación surge una situación de conflicto. El moderador ayudará a clarificar las posturas de modo que puedan encontrarse puntos en común y concederles más relevancia que a los puntos de desacuerdo.
En este periodo formativo se ha de fomentar el lado dinámico e incluso lúdico del aprendizaje, de modo que todo el mundo participe, se integre y sienta que su presencia es tan importante como la de cualquier otro miembro. Paralelamente, esto ha de aplicarse de modo que no se pierda de vista el lado práctico de las enseñanzas, eso es, lo que puede aportar a la asociación.