Es una prueba que sirve para medir el funcionamiento del esófago, mediante la colocación en el esófago de una sonda fina con agujeros en su porción final que puede medir presiones.
Los resultados pueden ayudar a identificar causas de dolor torácico, ardor, o problemas de dificultad en la deglución o en el paso del alimento de la boca al estómago. También puede ser útil para planificar algunos tipos de cirugía o para determinar la efectividad de una cirugía previa.
Ayunas: Debe evitarse la ingesta de alimentos sólidos y líquidos durante 12 horas antes de la exploración (el tiempo mínimo son 6 horas). Durante este tiempo tampoco se permite fumar.
Fármacos: existen algunos fármacos que modifican la motilidad esofágica, y por lo tanto pueden alterar los resultados de esta prueba; si está tomando medicación, es conveniente que se lo indique a su médico para suspenderla si es necesario, antes de realizar la exploración.
Antes de comenzar la exploración se retiran las gafas y las prótesis dentales.
Antes de comenzar la exploración, el médico que la va a realizar le explicará en qué consiste y qué es lo que debe de hacer para tener las mínimas molestias durante la colocación de la sonda, y para obtener los resultados que se esperan de esta exploración. Para que una manometría esofágica sea concluyente es importante la colaboración del paciente. Por este motivo, y porque se trata de estudiar los movimientos del esófago, no se puede utilizar sedación. Unicamente se puede utilizar un anestésico local para evitar molestias en la nariz durante la introducción de la sonda.
Para conseguir este trazado, a partir del cual se puede deducir si existe alguna alteración en el movimiento del esófago, es preciso que el paciente colabore tragando saliva o líquido cuando el médico se lo indica.
Puede notar ligeras molestias en la garganta después de la exploración, leves y que desaparecen en poco tiempo. Esta prueba no tiene complicaciones importantes, y tras la exploración puede comer y realizar vida normal.